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Estudio David Cronenberg. Early Movies

El universo de David Cronenberg se sumerge en un profundo mundo de sueños y pesadillas humanas donde el propio cuerpo se ve sometido a la especulación de la idea de construcción de un nuevo hombre que se siente confundido, aturdido y esquizofrénico ante la realidad tecnológica en la que estamos arropados.

David Cronenberg nace en 1943 en la ciudad canadiense de Toronto, la más importante del territorio, cercana del lago Notario y frontera natural con el estado de Nueva York. Su interés por la naturaleza le lleva a matricularse en la Universidad de Ciencias de Toronto, plaza que abandonó por la literatura anglosajona, otra de sus grandes aficiones. Y es allí dónde encontró su pasión por el mundo del cine en un país sin apenas tradición cinematográfica.

Vinieron de dentro de… (Shivers/They Came from Within/The Parasite Munders, 1975) es el pistoletazo de salida a las salas comerciales de Cronenberg tras realizar dos mediometrajes, Stereo (1969) y Crimes of the future (1970). La historia se centra en las investigaciones de un doctor para dar rienda suelta a las sensaciones frente a la razón. El proyecto fracasa convirtiéndose en una epidemia donde la anarquía sexual se expande de manera libertina por la ciudad de Toronto.

Con esta película  el director se acerca al género de terror desde una mirada especial y única; gracias a ella iza los pilares que serán en el futuro piezas fundamentales en sus siguientes proyectos: el virus, la enfermedad, la degeneración  del cuerpo humano y la perpetúa búsqueda de identidad del individuo en un mundo caótico, entre otros temas.

Su segunda película, Rabia (Rabid, 1976), traslada su mirada hacia la contemplación del comportamiento humano ante una amenaza. Instalando el horror en la rutina, un objetivo básico del director canadiense. Rabia trata de  una extraña mutación aparecida en el cuerpo de una mujer después de sufrir un accidente de motocicleta y de la necesidad de su supervivencia a través de la sangre de otros humanos. Aquí introduce por primera vez la narración para entender de manera orgánica y lógica sus planteamientos, alejándose de la abstracción de sus trabajos iniciales.

Vinieron de dentro de… y Rabia indagan hacia estados psicológicos pesimistas, la obsesión permanece en cada rincón de cada fotograma de una manera global y no particular. Es como si estuviera preocupado por hacer un cine con tintes sociales. Cosa que no aparecerá en sus siguientes trabajos Cromosoma 3 (The Brood, 1979), Scanners (Scanners, 1981) y La Zona Muerta (The Dead Zone, 1983), películas más oscuras, pero fundamentales para que David Cronenberg teja sus ambiciones cinematográficas a largo plazo, conteniendo el drama y prolongando la angustia. Con Scanners y La Zona Muerta su cine se hace por decirlo de alguna manera más clásico, pero también más profundo, gracias a ellos sus proyectos serán más maduros, más pensados como La Mosca (The Fly, 1986) o Inseparables (Dead Ringers, 1989), donde se constata la importancia del individuo sobre la masa y los problemas que le acechan, como la alienación.


Cromosoma 3 (1979) es la película que marcaría la frontera entre un cine más personal y surrealista, y la separación de su primera esposa. El argumento es un pretexto para hablar de cómo se manifiesta el odio acumulado durante años en una mujer demente. El contexto familiar le sirve para explorar el aislamiento y soledad contemporáneo dentro de una misma familia. En Cromosoma 3, Cronenberg cuida más la estética de la película, desde los protagonistas que son importantes actores de teatro británicos como Oliver Reed y Samantha Eggar, hasta la incorporación en la plantilla de su compositor habitual de la banda sonora, Howard Shore, el mismo creador de la trilogía de El Señor de los Anillos (The Lord of the Rings, Peter Jackson).  Ambos formarán un  equipo inseparable  de ahora en adelante exceptuando la película La Zona Muerta. También contará con Carol Spier para la dirección artística, otro seguidor fiel de David Cronenberg.

Con un presupuesto algo mayor que en sus películas anteriores, Scanners (1981) será recordado por el director canadiense como la película a la que mayor presión ha sido sometido por parte de la productora. El tema fundamental de Scanners es la telepatía, un argumento que debido al éxito de Carrie (Carrie, 1976) de Brian de Palma  tuvo bastantes seguidores en años posteriores. La preocupación de Cronenberg por el poder de la mente llega aquí hasta sus últimas consecuencias.

Con Videodrome (Videodrome,1982) se cierra la primera etapa inicial de David Cronenberg. Esta película supone la obra más personal y arriesgada de su carrera. Con un reparto de lujo, desde James Woods hasta Deborah Harry, la trama de Videodrome se centra en cómo un director de un canal de televisión privado, dedicado exclusivamente a  una programación pornográfica, encuentra su propia destrucción a través del descubrimiento de un canal pirata de snuff-movies  que emite unas extrañas señales que incitan al protagonista a confundir realidad y ficción.

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Videodrome habla de la nueva carne, una visión profética de la relación entre la sociedad y el individuo, y de cómo los medios de comunicación y la tecnología se han instalado cómodamente en las relaciones humanas, modificádolas.

Por primera vez con La Zona Muerta (1983) el guión no parte de David Cronenberg sino de un libro de Stephen King y es la primera incursión del director canadiense por la industria estadounidense. El protagonista encargado de dar vida al personaje que despierta del coma después de cinco años es Christopher Walken, un ser que descubre que tiene poderes premonitorios. Una película alejada de sus primeros trabajos pero necesaria para dar coherencia a toda su filmografía. De nuevo, Cronenberg se fija en la mente para interiorizar los problemas de sus personajes. Las heridas, las pústulas y las vísceras son mitigadas, mejor dicho, eliminadas para acceder al público más convencional. Todo el mundo pensó que La Zona Muerta era el final de David Cronenberg como director de culto.

No obstante, el Cronenberg más bizarro llegaría con la película La Mosca (1986), el mayor éxito comercial del director, una auténtica fiesta de la casquería al más puro estilo gore, tamizada para todos los gustos y elaborada con gran inteligencia. La historia se centra en el intento de un inventor/científico por descubrir la forma de descomponer la materia orgánica para poder teletransportarla. El invento funciona, lo que ocurre es que en una de las cabinas teletransportadoras se ha introducido una mosca ocasionando una fusión hombre-mosca. Mientras tanto, el científico, interpretado por Jeff  Goldblum, se enamora de una joven mujer, Geena Davis, interesada por su proyecto. La Mosca sería una preciosa historia de amor de cuarenta años realizada en tres semanas, el tiempo en el que el científico se convierte en mosca.

Si La Mosca fue un éxito comercial, Inseparables (1988) fue un verdadero ejercicio de madurez apoyado por la crítica cinematográfica, que la considera como la mejor película de David Cronenberg.

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Inseparables trata de dos hermanos gemelos que comparten todo: amistad, mujeres, fama, dinero y prestigio. Un par de ginecólogos de Nueva York que ven peligrar su unidad por la intromisión de una mujer en su existencia. Esta ruptura inicia entre los gemelos un distanciamiento y un descenso a la locura ante la imposibilidad de vivir separados. El difícil papel de interpretar a los dos hermanos fue llevado a cargo por un Jeremy Irons que consolidó su carrera como actor.

La obsesión de David Cronenberg por el escritor William S. Burroughs le condujo a llevar a la pantalla grande su obra más célebre El Almuerzo Desnudo (Naked Lunch, 1992). La densidad psicológica de la película la hacen compleja, su argumento se basa en las vivencias de un escritor subsumido en el mundo de las drogas, y es en ese mundo onírico y ficticio donde Cronenberg se muestra con gran maestría, dotando de imágenes posibles a una novela francamente imposible de llevar al cine.

Tras la realización de películas tan duras como lo fueron Inseparables o El Almuerzo Desnudo, el director canadiense necesitaba un descanso emocional, para ello recurrió a dirigir una obra de teatro con gran éxito en Broadway M. Butterfly (M. Butterfly, 1993). Partiendo de la ópera de Puccini, la historia se centra en el proceso de enamoramiento del embajador de Francia en China con una cantante de ópera en el momento de la Revolución Comunista. Pero lo que parecía ser una historia de amor se tuerce en un complot de espías y mentiras que resultan ser lo que no eran  y en el que hasta la sexualidad de uno de los personajes se ve desdibujada. Jeremy Irons volvió a trabajar con Cronenberg en M. Butterfly, y como compañero de reparto fue John Lone aclamado después de ser protagonista en El último Emperador de Bernardo Bertolluci.

Con Crash (Crash, 1996), su siguiente película, David Cronenberg parece ser el director que lleva al cine novelas imposibles de transcribirlas en imágenes. En 1968 el escritor nacido en Shanghai, James Graham Ballard, escribió Crash, una metáfora del proceso de tecnificación de las sociedades modernas mediante los accidentes de coches y la explosión de nuevas sensaciones ante la falta de afecto en nuestra contemporaneidad. La jugada no pudo ir mejor a Cronenberg, consiguió el premio del jurado en el Festival de Cannes por su audacia y atrevimiento.

Holly Hunter, James Spader, Elias Koteas, Rosanna Arquette y Deborah Kara-Unger forman el impresionante reparto de Crash.

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Después de Crash, Cronenberg realiza el primer guión original desde Videodrome con eXistenZ (eXistenZ, 1999), una auténtica película cyberpunk.

eXistenZ  habla de la realidad virtual en un futuro no muy lejano en el que la confusión es tal que las apariencias se travisten de realidades. El embrión de la historia reside en una diseñadora de juegos informáticos virtuales que se ve en peligro por una gente que pretende instalar la realidad y borrar del mapa a todos los elementos virtuales. Jennifer Jasón Leigh, Jude Law, William Dafoe e Iam Holm dan vida a unos personajes instalados en un terreno pantanoso en el que las fronteras reales se pierden, de la misma manera que en la actualidad la confusión se genera ante tanta oferta de información que no se puede, por imposibilidad, entender.